
Sin brújula emocional ni asideros, ni tripulación que ayude, llevaba tiempo varada en la arena, un poco como un barco en el desierto, o perdido entre el hielo antártico. Solo, perdido...
Pero ha llegado la hora de moverse, me digo, me dicen, (cuentas conmigo) y ya siento el viento en las velas recogidas, negras por desuso. El viento que trae el cambio y aromas de tiempos mejores. Así, decía, sin brújula, sin mapas antiguos ni dea del camino, me pondré en marcha. Que es lo que tiene el mar, que es camino en sí mismo.

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